BATALLA DE CHICLANA – 05.03.1811.

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Tres días antes de la batalla de Chiclana, salieron del apostadero de Sancti Petri al mando de su comandante, cuatro cañoneros, un barco obusero, un bombillo y ocho botes tambien con obuses, situándose en los caños del Carbonero y Alcornocal, para proteger los trabajos de construcción de una batería y parapeto.

No bien el enemigo apercibió nuestros movimientos rompió el fuego, que duró hasta la tarde, con cuatro piezas pequeñas que condujo al bosque frente a un vado; pero se les hizo callar por dos veces, desmontándoles una de aquellas.

Las fuerzas sutiles de los otros apostaderos del caño, situadas convenientemente, hostilizaron también al contrario para seguir llamando su atención.
En los parapetos se vieron grupos franceses como de trescientos hombres cada uno; sin duda batallones mermados por los azares de la guerra.
Aprovechando la oscuridad de la noche y trabajando sin descanso, lograron los nuestros levantar la batería del coto referido y el parapeto proyectados, bajo la protección de las fuerzas citadas, en tanto que las del caño del Zurraque, avanzando, sostenían un nutrido fuego contra las baterías enemigas de San Diego y Bellunne; fuego que fue muy continuado durante el periodo de estos días.
Al observar tal movimiento en nuestra línea, los franceses habían de apurar todos los medios para impedir los trabajos, así como nosotros dar una prueba más de la confianza y descuido que nos son característicos.
Ya a hora bastante avanzada de la noche del día siguiente, algunas guerrillas enemigas simularon atacar a las avanzadas de nuestro ejército, entreteniéndolas con sus fuegos, en tanto que, aprovechando la bajamar, una  o dos columnas se dirigían al flanco izquierdo del parapeto que cubría la entrada del puente a favor de la oscuridad en que dejaba  aquel sitio la sombra de la luna próxima a ocultarse.
Notado al fin el movimiento por las tripulaciones de los botes que estaban de vigilancia, cuando era inevitable el combate de cerca, rompieron el fuego de metralla las lanchas que custodiaban la entrada del puente en los caños laterales; pero  ya el enemigo coronaba el parapeto  y, sorprendida casi su guarnición, se entabló una lucha cuerpo a cuerpo que en tales condiciones nos había de ser desventajosa.
Un esfuerzo inaudito tan solo pudo impedir que los franceses hollaran el suelo de la Isla; pero, doscientos cincuenta prisioneros pagaron con su libertad nuestra habitual confianza.
La acción del enemigo estuvo tan bien dispuesta, hay que reconocerlo, que al mismo tiempo que verificaban el ataque descrito amagaban  tambien el vado del coto de la Grana hostilizando a nuestra batería, de donde, naturalmente, fueron rechazados.
Receloso el general Zayas, y fundadamente, de un nuevo ataque de las fuerzas imperiales por aquella parte, en mayor número, y habiendo sostenido el fuego durante todo el día siguiente, a las nueve de la noche de este dio orden de cortar el puente, lo que se verificó separando algunas barcas de apoyo; confirmándose el nuevo intento de ataque, que esta segunda vez fue rechazado con holgura, y quedando las fuerzas sutiles de Marina al cargo de la defensa de las obras comenzadas.

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La batalla de Chiclana —conocida como batalla de la Barrosa por los ingleses, y batalla del Cerro del Puerco por los franceses — librada el 5 de marzo de 1811, fue una batalla de la Guerra de la Independencia Española.

En términos puramente militares, fue una victoria importante para las tropas aliadas anglo-portuguesas, las cuales, numéricamente inferiores, lograron derrotar a dos divisiones francesas.

Sin embargo, este hecho tuvo un efecto estratégico mínimo en el conjunto de la contienda al no lograr su objetivo de poner fin al sitio de Cádiz.

La reducción en el número de las tropas que asediaban la ciudad, dio a la guarnición anglo-española la ocasión de levantar el asedio y a tal fin una gran fuerza aliada se embarcó desde Cádiz a Tarifa y Algeciras, y de allí hacia el norte para atacar las líneas francesas por la retaguardia; pero los franceses, bajo el mando del mariscal Víctor, conocieron las maniobras de los aliados y prepararon una trampa.

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Una división francesa bloqueó la ruta hacia Cádiz, mientras las otras dos divisiones de Victor cayeron contra la división británica bajo el mando de sir Thomas Graham.

Tras una cruenta batalla en dos frentes, la división británica venció a las fuerzas francesas atacantes.

Sin embargo, la falta de apoyo del contingente español evitó una victoria absoluta, y los franceses pudieron reagruparse y volver a ocupar sus posiciones en el asedio: los aliados no consiguieron su objetivo, e incluso Victor la consideró una victoria francesa, dado que el asedio de Cádiz continuó hasta el 24 de agosto de 1812.

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General Graham.
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