Repliegue del Ejército de Extremadura a Cádiz.

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En enero de 1809, en plena Guerra de la Independencia Española, gran parte de los 12.000 hombres que componían el grueso del Ejército Español de Extremadura se hallaban en la zona central, entre Mérida y Don Benito, y sin dilación, su comandante el Duque de Alburquerque movilizó al ejército hacia Almacén. No había cruzado este ejército la comarca de la Serena cuando se recibieron noticias de la pérdida de dicha ciudad ante el ejército napoleónico.

Tras estos sucesos el Duque de Alburquerque debió tener la seguridad de que los franceses intentaban de nuevo conquistar Andalucía. El mariscal Víctor, con su ejército, una vez conquistada Córdoba se encargaría de adueñarse de Sevilla y deponer a la Junta Suprema Central, donde entonces residía.

Sin pérdida de tiempo, quedaron 4.000 hombres para defender Extremadura al mando de D. Juan Senes y Contreras y el brigadier D. Rafael Menacho. Alburquerque, con la mayor parte del Ejército de Extremadura, unos 8.000 hombres, dividido en dos cuerpos, marchó hacia Sevilla; uno seguía el Camino Real a través de Santa Olalla; el otro lo hacia más al este por Guadalcanal. Pasada esta población y situados en el Pedroso se recibieron ordenes de la Junta Suprema Central de dirigirse a Sevilla con la mayor urgencia.

Bajaron a Cantillana , al este de Sevilla, cambiaron de margen cruzando el río Guadalquivir. Nuevas contraórdenes de la Suprema Central desde Sevilla en el sentido de marchar a defender Córdoba. Alburquerque viendo la imposibilidad de cumplir este cometido decide enviar un mensajero a Sevilla, para que exponga su situación y posteriormente recibir nuevas órdenes. A su regreso, éste le pone de manifiesto el caos que vive la ciudad de Sevilla y la huída de la Junta Central Suprema hacia Cádiz.

Los 10.000 soldados que formaban entonces el Ejército de Extremadura al mando de Alburquerque, deciden descender algo más y se establecen en Carmona, el 26 de enero de 1810; desde allí se enviaron destacamentos  a Marchena, Fuentes de Andalucía y Écija; en esta última ciudad nuestros hombres entran en contacto con la caballería de la vanguardia del mariscal Víctor.

Nuestras tropas, viendo que la cercana Sevilla era indefendible, entre otras cosas por nuestra inferioridad numérica, abandonaron Carmona y se dirigieron a marchas forzadas al sur, hacia Cádiz, para sumarse a la defensa de esta ciudad, donde residía ya el gobierno de España; en aquel momento todavía La Junta Central Suprema.

Todos los cuerpos del Ejército francés, empleados en el plan de conquistar Andalucía, cumplieron sus primeros cometidos. El 28 de enero el mariscal Víctor y su ejército se apoderaron de Carmona y su zona; el 1 de febrero de 1810 pactó Sevilla su rendición; rápidamente forzaron la marcha en su intento de impedir que Alburquerque y su ejército llegaran a Cádiz.

El Ejército de Extremadura, en dos jornadas, avanzó desde Utrera a Jerez de la Frontera (74 km) donde llegaron el 31 de enero de 1810. Continuaron sin apenas descanso hacia Puerto Real, siendo ya hostigados por la caballería de vanguardia de Víctor. Por fin, el 4 de febrero de 1808, nuestras tropas llegaron a la Real Isla de León. Hombres y animales estaban demacrados, hambrientos, descalzos… recibieron la ayuda, los aplausos y vítores de los gaditanos; más tarde quedaron enrolados en las fuerzas que defendían la ciudad, todos bajo el mando de Alburquerque (el Consejo de Regencia, presidido por el general Castaños, había sustituido a la Junta Central Suprema el 2 de febrero de 1810 y el 3, de ese mismo mes y año, los franceses iniciaron la conquista de Extremadura por el sur).

La ciudad de Cádiz era ya la capital de la España patriótica, y esta prudente y obligada retirada del Ejército de Extremadura a la ciudad, tuvo una gran importancia en el posterior desarrollo de la guerra, ya que su refuerzo, añadido a las fuerzas y defensas de todo tipo que ya tenía la ciudad, supuso la imposibilidad de su conquista por los franceses y la inmovilidad del cuerpo del Ejercito francés mandado por el mariscal Víctor, quien posteriormente recibiría otros refuerzos.

El mismo 9 de febrero de 1810, Víctor,  lanzó sin éxito su primer ataque; no levantaría el sitio hasta el 25 de agosto de 1812 tras la batalla de los Arapiles (22 de julio de de 1812).

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