Filipinas y la Constitución de 1812.

El Artículo primero de las Constitución de 1812, que aunaba con un gran espíritu integrador todos los territorios de la Monarquía Hispánica de entonces, definía a la nación española como la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. Dicho artículo adquirirá su máxima expresión con la presencia en las Cortes de Cádiz no sólo de 64 diputados americanos, sino, también, con la de tres diputados por las Islas Filipinas. Tal era así, que, en la terminología de aquellos años, se hacía mención tanto a los españoles europeos y americanos como a los españoles asiáticos.

En unos momentos en que, paradójicamente, ya se iniciaba el amplio y complejo proceso emancipador hispanoamericano, que culminaría en torno a 1825 con la total independencia de aquellos territorios ultramarinos (salvo Cuba y Puerto Rico) el Archipiélago de las Filipinas, a pesar de la muy considerable lejanía, se mantuvo unido a España. Las explicaciones hay que buscarla en la falta de un movimiento autóctono independentista y en la actitud siempre fiel de la minoría criolla a la Corona. Con todo, muy celosa de sus intereses económicos, esta burguesía no dudó plantear en las Cortes sus reivindicaciones en materia mercantil, sobre todo en uno de los aspectos más sensibles para sus intereses comerciales como fue el asunto de la Nao Acapulco. En aquellos años, los productos que se importaban de Filipinas eran los derivados del algodón y la seda, así como almizcle, añil, café, cacao y clavo. Por el contrario, España exportaba al archipiélago vino, aceite y aguardiente, aunque todo ello en mínimas cantidades.

Curiosamente, a pesar de que al Archipiélago por su población le correspondían unos veinte diputados en las Cortes, la realidad es que se le reconoció solamente tres, alegándose para ello lo costoso de una representación mayor y las dificultades de desplazamiento. Dichos diputados fueron José Manuel Couto, Pedro Pérez de Tagle, ambos suplentes, y Ventura de los Reyes como titular. El primero de ellos, natural de Nueva España y muy vinculado a los intereses mejicanos en torno a la Nao Acapulco, formó parte de la comisión de diputados encargada de zanjar una de las polémicas más arduas en el seno de las Cortes como fue la pretendida igualdad de representación entre los españoles de ambas orillas del Océano, incluidos también, claro está, los filipinos. En cuanto al segundo, un militar de noble estirpe, no tuvo ningún tipo de actividad como parlamentario, pues ni perteneció a ninguna comisión ni pronunció discurso alguno. Tras su paso por Cádiz regresó a las Filipinas como marqués de Salinas y partícipe de la antigua Compañía Marítima de Filipinas.

En cambio, destaca sobremanera la figura de Ventura de los Reyes y de la Serena, arquetipo del criollo que viene a las Cortes a plantear enérgicamente una serie de cuestiones, tendentes a conseguir las mayores ventajas posibles para aquella burguesía manileña, tan vinculada a su Consulado. Nacido en Ilocos en 1739, aunque figura en 1810 como residente en Manila en calidad de proveedor de la Real Mesa de la Santa Misericordia, era un comerciante y adinerado hombre de negocios que fue elegido diputado el 16 de noviembre de 1810. Con poco más de setenta años, partió de Manila hacia Cádiz para tomar posesión de su escaño, incorporándose cuando ya prácticamente habían concluido los debates en torno a la Constitución y no llegando, por tanto, a ser uno de sus firmantes. Aunque empezó exponiendo en Cádiz las dificultades que en sus islas presentarían los procesos electorales, habida cuenta de las enormes distancias con la metrópoli y a la variedad de costumbres, lenguas y dialectos, lo cierto es que su labor como diputado fue de gran importancia, pues, con sus discursos contundentes, acompañados de una gran claridad de ideas, logró cuestionar la intransigencia e, incluso, la ignorancia de ciertos diputados, tanto peninsulares como americanos, que desconocían la realidad de aquellas Islas. Con esos argumentos, logró que se aprobara por parte de las Cortes la ansiada libertad del comercio filipino, rígidamente monopolizado y controlado por el Estado a través de la llamada Nao Acapulco, que fue suprimida. Volvió a ser diputado en las Cortes Ordinarias de 1813, regresando a Filipinas en 1814.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s