Intendencia General de Marina de 1717 en Cádiz.

La Intendencia de Marina fue un órgano creado expresamente en Cádiz para
unificar la acción de control sobre la marina, especialmente para canalizar fondos para sustentarla.

En sus primeros años, el título de Intendente fue detentado por el mismo presidente de la Casa de Contratación, lo que supuso, en la práctica, que ambas instituciones se vieran relacionadas mutuamente en sus competencias.

Aunque el primer ministro en poseer ambos cargos conjuntamente fue Francisco de Varas Valdés, fue el período de gestión de José Patino la que más nos puede ayudar perfilar la verdadera naturaleza de este órgano híbrido.

La gestión de este último en Cádiz ha sido ampliamente analizada por lo que vamos exponer un resumen bastante esquemático sobre las competencias de esta Casa de Contratación-Intendencia que, sin embargo, logró convertir el siglo del monopolio gaditano en una de las épocas más brillantes de la historia de la Carrera de Indias.

Está pendiente de debate, no obstante, si estas primeras obras de reconstrucción del monopolio comercial español llevaba ya intrínseco un proceso cada vez mayor de apertura portuaria.

En realidad las gestiones de Patino en Cádiz como intendente-presidente responden un programa práctico.

Está reflejado en varios escritos dictámenes que apuntan en general una idea que es muy común los primeros ministros ilustrados: la persecución de objetivos políticos concretos utilitarios cuyo pensamiento reformista, si es que en realidad era reformista, contenía muy pocos rasgos de tipo teórico especulativo.

En concreto la acción el pensamiento de Patino se caracterizan por lo que podíamos denominar como dirigismo estatal.

La relación de unos órganos administrativos que uniesen a los efectivos de la Armada y la organización de las salidas de los convoyes mercantes, fue algo común todos los países que habían sido potencias económicas durante la era mercantilista.

El programa naval de Patino contemplaba la necesidad de que estos órganos se ubicasen en un centro urbano portuario, pues lo más importante en la infraestructura del puerto era todo lo relacionado con la construcción, apresto de bajeles y que todo lo demás, eran cuestiones eslabonadas, como también afirmase Francisco Manuel de Herrera en 1726.

Es por ello por lo que el fomento de la construcción naval fue una de las
prioridades de esta nueva Casa-Intendencia de Marina.

Ello se hace notar, por ejemplo en los diversos memoriales sobre la construcción de astilleros arsenales.

Lo podemos comparar incluso con lo que se llevó cabo en enclaves que, con el tiempo, serían los otros departamentos marítimos de Cartagena y el Ferrol.

En el caso de Cádiz, este proyecto de fomento portuario se ve claramente en el memorial sobre “Construcción de astilleros en Cádiz’, redactado por José Patino en 1724, donde el ministro expone, además, muchas de las ideas expresadas en su voto particular de diciembre de 1723.

No olvidemos que fue el propio Patino
quien inició las obras de infraestructuras del Ferrol partir de 1726, obra que sería terminada por el marqués de la Ensenada, cuando en 1743 desempeñó el
cargo de Secretario de Marina.

En la construcción del Ferrol intervienen las mismas valoraciones estratégicas que se conjugan, de forma decisiva en la situación configuración final de una base naval, donde se centran importantes actuaciones de carácter comercial.

Pero también condicionan las actividades económicas que se llevan cabo en el hinterland foreland de la región que circunda la ciudad portuaria.

Hay que tener en cuenta unas cuestiones que están marcadas por tintes especialmente comerciales: productos materiales que la zona en sí demandaba el destino de su utilidad.

En el caso del Ferrol, al igual que el de Cartagena, se ha afirmado que los acondicionamientos del puerto durante el siglo XVIII respondían un nuevo concepto estratégico, afín con las ideas de los primeros ministros borbónicos, especificada en un triple plan político, económico de defensa militar.

Pero la primera gran decisión referente estos puertos no tuvo lugar hasta 1726, fecha en la que se convirtieron en capitales de los Departamentos marítimos del Norte del Mediterráneo, respectivamente.

Podemos afirmar que en estos años tomó impulso definitivo el nacimiento
desarrollo en la Isla de León del complejo del arsenal de La Carraca, aunque hay
que indicar que la mayor parte del inicio de las construcciones que luego serían
aprovechadas por estas nuevas instalaciones se remontan al siglo XVI.

Fue en 1715 cuando los proyectos del ingeniero Diego Luis Arias comenzaron convertirlo en una realidad.

El ministro centró su atención en varios centros: Puntales, Real Carenero del
Puente Suazo, El Trocadero, al medio físico de la bahía de Cádiz, que él
mismo definía, en su voto la Junta de 1723 en su “Memorial sobre Astilleros”.

En ellos hacía alusión la naturaleza bioclimática de la bahía la disposición
de sus caños sus terrenos de marismas, lugares pantanosos donde era posible
hacer entrar buques de considerable tamaño esperar la bajamar para que pudieran ser fácilmente escorados y proceder a su calafate y carenado.

La situación estratégico-defensiva de la zona fue un factor condicionante de gran importancia.

Ello había quedado expresado en todos los memoriales dictámenes que, en la década de 1720, habían sido elevados la Administración central para apoyar la candidatura gaditana y convertirse, no ya sólo en la sede de la reformada Contratación sino en el punto de partida para la plasmación práctica de aquellos posibles proyectos navales.

La labor de los asentistas fue primordial, tanto autóctonos como extranjeros.

Algunos puntos relativos al funcionamiento de la Intendencia de Marina gaditana, en sus años de unión al Tribunal de la Contratación, hacen referencia precisamente la creación de arsenales, con un cuerpo de oficiales, encargados de almacén, depósito reparación de los buques.

El presidente-intendente supervisaba el lugar donde se depositan los pertrechos municiones para los aprestos y salidas de flotas de Indias, pero también para la organización de la marina mercante de guerra.

También controlaba las disposiciones orgánicas para el aprovisionamiento de las flotas que en los años 1718 1719 partieron para las batallas del Mediterráneo, que pesar de su derrota, sí que constituyeron un éxito, al menos, en el plano de su constitución.

Unido a la creación de la intendencia gaditana, se veía la importancia de
articular una fuerza naval de escolta defensiva con apoyo de la Capitanía General de Andalucía, con sede en El Puerto de Santa María.

De hecho, una de las razones que originó la creación de la Intendencia de Marina gaditana, fue político-militar, es decir, para “el mejor gobierno, dirección expediciones de mis reales tropas demás dependencias de la guerra”.

Junto todas estas funciones, una de las más importantes era quizás la de
naturaleza fiscal.

La intención de encauzar fondos para la creación de una marina mercante de guerra fue uno de los problemas prácticos que preocupaban todos los ministros de marinas lo largo de una buena parte del siglo XVlll.

En un principio la idea era que la financiación viniese del comercio particular, pero ello fue constante motivo de problemas con los negocios privados, pues fue precisamente de los comerciantes particulares de donde venían, debían venir, según el esquema organizativo de la Casa-Intendencia, la financiación de este sistema.

Hay que decir que, aparte de que las cuestiones fiscales aduaneras continuaron siendo un problema intrínseco del sistema del monopolio, hubo momentos en que las gestiones de Patino consiguieron extraer fondos del comercio para las operaciones que se llevaban cabo en la Bahía de Cádiz.

Recordemos la relación de amor odio que el ministro tenía con las comunidades mercantiles gaditanas, formadas por muchos negociantes extranjeros, pero pensemos también que esta preparación de la Bahía y su proceso de conversión en base naval comercial organizada también fue importante, provechoso decisivo para ellos.

La Intendencia de Marina tenía una Depositaría de Cuentas especialmente competente en recoger depositar los caudales llegados de América extraer los debidos impuestos de los negociantes.

En 1725, cuando Patino cesó en su cargo para marchar ocupar su cartera ministerial en la Corte, se dispuso la separación de los dos puestos, pero esta
disposición no se llevó efecto.

Sólo en 1754 Julián de Arriaga Rivera, último ministro que ocupó conjuntamente las Secretarías de Marina Indias y que había sido con anterioridad, presidente de la Casa intendente en Cádiz, disgregó para siempre los dos cargos.

Pero, aún así, muchos de los proyectos reglamentos que posteriormente llevó cabo la secretaría de Marina no fueron más que aspiraciones de esta política de control.

Prácticamente hasta la promulgación de las Ordenanzas de Arsenales de 1776 el intendente tenía jurisdicción en todo lo relativo a los arsenales al Departamento Marítimo.

No está claro aún qué sucedió cuando
en los años de 1750 las funciones de la Intendencia General de Marina de Cádiz
se sumaron al Ministerio de Marina.

Una teoría sobre el relativo fracaso del sistema gubernativo de las Intendencias pudiera estar en una causa de tipo político: la caída del marqués de la Ensenada la imposición posterior de unas iniciativas por parte de otros agentes del Consejo de Castilla, que provocaron una lucha por las competencias entre órganos administrativos diferentes.

Muchas asignaciones de la Intendencia pasaron al Cuerpo General de la Armada.

Recordemos también que los muchos órganos de gobierno se pisaban las competencias y, además, estaban sobrados de oficiales de ministros.

¿De qué sirve, quizás, entender esta relación entre reformas de la marina el
comercio, sin la cual no se puede entender la naturaleza revisionista de los nuevos proyectos ilustrados, su conexión con el pasado arbitrista, pero también su
clara calidad de antesala de las reformas llevadas cabo posteriormente?.

Sin entender esta doble naturaleza en su propio contexto no se puede entender la
actitud de los gobiernos ilustrados en España pero tampoco los de la Europa
Atlántica en general.

 

 

 

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