Reinos de Nápoles y Sicilia.

Los antiguos reinos de Sicilia y Nápoles llevaban ligados a la Corona de Aragón desde los siglos XIII y XV, respectivamente.

Con el desmembramiento de la Monarquía hispánica en el tratado de Utrecht (1713), esos territorios pasaron a dominio austriaco, pero casi inmediatamente los españoles trataron de recuperarlos, dando lugar a la Guerra de la Cuádruple Alianza.

Aprovechando la Guerra de Sucesión polaca, en 1734, Carlos, el entonces duque de Parma y futuro soberano, derrotó a los austriacos con las tropas de su padre el rey Felipe V de España, recuperó estos reinos para su dinastía, y fue reconocido de inmediato por Francia en virtud del Primer Pacto de Familia y en 1737 por los Estados Pontificios y, a continuación, por el resto de los estados italianos.

A la muerte de su hermano Fernando VI de España, Carlos cedió el trono de Nápoles-Sicilia a su hijo Fernando I de Borbón (IV de Nápoles y III de Sicilia) en 1759 para poder ceñirse la corona española.

Fernando IV de Nápoles, tras el periplo causado por la Revolución francesa y las Guerras Napoleónicas, regresó al trono napolitano y cambió la denominación Nápoles-Sicilia por la de Reino de las Dos Sicilias en 1816.

Su nieto, Francisco II de las Dos Sicilias, perdió el trono en 1860, conquistado por Giuseppe Garibaldi tras la denominada Expedición de los Mil. Con esta conquista, el Reino de las Dos Sicilias dejó de existir como estado independiente.

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