Acapulco.

En 1521 consumada la conquista de México-Tenochtitlan, Hernán Cortés envió diversas expediciones al sur con el objeto de localizar vetas de oro.

El 25 de abril de 1528 por orden del Rey Carlos I de España, Acapulco pasó a poder directo de la corona tomando el nombre de «Ciudad de los Reyes».

Fue fundada por Antonio de Mendoza y Pacheco, primer virrey de la Nueva España al designar al primer alcalde y Fernando de Santa Ana llevó a 29 familias españolas provenientes de la Ciudad de México para colonizar en el año de 1550.

Sin embargo, no fue hasta el 17 de noviembre de 1599 cuando el Rey Carlos II de España ascendió a Acapulco a rango de Ciudad.

Poco después, por encargo de la Realeza Española, Fray Andrés de Urdaneta cruzó el Océano Pacífico desde el archipiélago de las Filipinas con la finalidad de encontrar la mejor ruta, que por más de 250 años comunicaría a las colonias asiáticas españolas con la Península Ibérica.

De ahí surge la famosa y equivocadamente nombrada “Nao de China”, que en realidad era un barco tipo Galeón y que partía desde Acapulco y hacía el tornaviaje desde Filipinas.

Fray de Urdaneta describe a Acapulco como un puerto “Grande, seguro, muy saludable y dotado de buena agua”.

De 1571 a 1815, Acapulco se convertía una vez al año y durante casi dos meses, en el punto de comercio más activo y dinámico de la Nueva España, superando incluso al puerto de Veracruz.

En 1697, La población del puerto se triplicaba durante los días que llegaban los galeones cargados de bellas novedades de oriente, como: China, Japón, Ceylán, Damasco.

A lo largo de la historia del puerto, se hicieron propuestas frecuentes para cambiar la terminal de Acapulco a otro puerto.

La razón era que se buscaba mayor accesibilidad a la ciudad de México, mejores condiciones de clima, y otras ventajas.

Las propuestas más serias de este tipo fueron para transferir la terminal a San Blas o a Bahía de Banderas en la costa de Jalisco.

Como las provincias del noroeste del virreinato se volvieron más pobladas en el siglo XVIII, la idea de trasladar la terminal del Galeón a un puerto del norte tomó fuerza.

Esto se dio particularmente desde el establecimiento del Departamento de San Blas.

Este puerto incrementó su importancia debido a su posición como punto de partida para nuevas actividades a lo largo de la costa de California y partir de ahí hacia el norte.

En sus instrucciones a su sucesor, el virrey Revillagigedo contendió por la retención de la terminal de Acapulco, pero el Marqués de Branciforte favoreció San Blas.

Sin embargo, por esos tiempos el comercio filipino entró notoriamente en decadencia, y fue permitido que Acapulco mantuviera la posición que había ocupado a lo largo de dos siglos por derecho de inercia oficial y por su incomparable puerto.

Durante su tiempo como puerto principal en el Pacífico y por las riquezas que albergaba, Acapulco fue objeto de ataques por piratas y corsarios, lo que motivó su fortificación. Esto se llevó a cabo entre 1615 y 1617. Se edificó un fuerte y se nombró San Diego en honor al virrey Diego Fernández de Córdoba, I Marqués de Guadalcázar.

El 28 de noviembre de 1799 Carlos IV le otorgó Cédula Real dándole el título de ciudad.

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