Cartagena de Indias.

Después del intento fallido de fundar Antigua del Darién en 1506 por Alonso de Ojeda y la posterior fundación sin éxito de San Sebastián de Urabá en 1517 por Diego de Nicuesa, la costa sur del mar Caribe se convirtió poco atractivo para los colonizadores.

Prefirieron el más conocido de la Española y Cuba.

Aunque la Casa de Contratación dio permiso a Rodrigo de Bastidas (1460-1527) para llevar a cabo de nuevo una expedición adelantada a esta zona, Bastidas exploró la costa y descubrió el río Magdalena en su primer viaje desde la península de la Guajira hasta el sur, en 1527, un viaje que terminó en el golfo de Urabá.

De Nicuesa y De Ojeda señalaron la existencia de una gran bahía en el camino de Santo Domingo a Urabá y el istmo de Panamá, lo que animó a Bastidas a investigar.

Época virreinal (1533-1717).

La bahía de Cartagena de Indias era habitada por las naciones calamarí del grupo Karib, llamados Caribes por los españoles.

Durante la época colonial española fue uno de los puertos más importantes de América.

De Cartagena salían las mayores riquezas que la Corona Española precisaba para el mantenimiento de aquella gigantesca empresa conquistadora, por rutas marítimas que terminaban en los puertos españoles de Cartagena, Cádiz y Sevilla.

También fue el mayor punto de comercio de negros esclavos traídos del continente africano.

El primer español en llegar a lo que hoy es Cartagena de Indias fue Rodrigo de Bastidas, notario en Sevilla.

Bastidas había participado en uno de los primeros viajes del descubridor Cristóbal Colón a América.

Inicialmente el área fue bautizada con el nombre de Golfo de Barú por el mismo Bastidas.

En 1503 el cosmógrafo cántabro Juan de la Cosa pidió a la Reina de España Isabel la Católica que cambiara el nombre de Golfo de Barú por el de “Bahía de Cartagena”.

La Reina ordenó entonces cambiar el nombre por Real Provisión.

El nombre de Cartagena fue dado debido a la similitud de la bahía con la de Cartagena de Levante en España y fue dado por acuerdo entre Juan de la Cosa y la misma Reina.

La ciudad fue fundada el 1 de junio de 1533 por Pedro de Heredia y los soldados que le acompañaban, muchos de ellos originarios de Andalucía y Extremadura.

La capitulación que le autorizaba decía:

“Vos doy licencia y facultad para que podáis hacer y hagáis en la dicha provincia una fortaleza cual convenga para la defensa del español que en ella residiesen, en la parte que mejor os pareciese”.

En la isla Calamarí, donde había un poblado indígena, asentó Heredia su cuartel y procedió a nombrar el Cabildo y trazar la ciudad.

En 1538, la Corona autorizó el repartimiento general de indios entre los vecinos, y tasó los tributos.

Cartagena es convertida en una sociedad colonial de encomenderos.

El puerto fue cobrando importancia gracias a su bahía protegida por los militares españoles, la construcción de los fuertes y murallas y a su cercanía con la ciudad de Panamá otro puerto español importante.

En los años siguientes Heredia fue encarcelado por crímenes contra el pueblo de los Sinú y, más tarde, condenado a muerte.

Contrariamente a lo que se cree, la Corona velaba ya por los derechos humanos según las “Leyes de Indias”.

Pero Heredia logró escapar a España. De nada le valdría, pues murió al hundirse su navío en medio del océano.

La Iglesia Católica estableció la Inquisición para velar por el poder de la fe católica, dada la propensión de los esclavos a cultos paganos que incluían formas de hechicería.

Cartagena de Indias fue asaltada numerosas veces por piratas y tropas inglesas (Francis Drake, 1586), francesas y holandesas.

Por esto, el rey Felipe II encomendó la misión al mariscal de campo Luis de Tejada y al ingeniero militar italiano Bautista Antonelli construir 11 km de murallas y fuertes que sirvieron de defensa en los siglos XVII y XVIII.

La fortificación es la más completa de América del Sur y fue rematada en 1796 por el ingeniero español Don Antonio de Arévalo.

La reconstrucción después de la Expedición de Cartagena en 1697 fue inicialmente lenta, pero con el final de la Guerra de la sucesión española alrededor de 1711 y la administración competente de Juan de Torrezar Díaz Pimienta, los muros fueron reconstruidos, los fuertes reorganizados y restaurados, y volvieron a abrir los servicios públicos y los edificios.

Para el año 1710, la ciudad estaba totalmente recuperada.

Al mismo tiempo, las reformas lentas pero constantes de las políticas comerciales restringidas en el Imperio español alentaron el establecimiento de casas comerciales nuevas y proyectos privados.

Durante el reinado de Felipe V de España, la ciudad tenía muchas nuevas obras públicas iniciadas o completadas, entre ellas el nuevo Fuerte de San Fernando, el Hospital de la Obra Pía y la pavimentación completa de todas las calles y los proyectos en la apertura de nuevos caminos.

Era Virreinal 1717-1810.

El último intento serio de tomar la ciudad e invadir la Nueva Granada fue hecho por Edward Vernon, el cual fracasó en una de las mayores expediciones militares jamás enviadas en toda la historia.
Blas de Lezo, el marino español cojo, tuerto y manco, quien fue el estratega y defensor clave de la ciudad frente al ataque inglés en 1741, para la victoria final española en una apabullante desventaja numérica.

Pese a que el siglo XVIII comenzó con muchos problemas para la ciudad, pronto las cosas empezaron a mejorar.

Las políticas económicas favorables al comercio de la nueva dinastía en Madrid reforzó los aspectos económicos de Cartagena, y el establecimiento del Virreinato de la Nueva Granada en 1717 colocó a la ciudad en la posición de ser la mayor beneficiaria de la Colonia.

El siglo XVIII trajo la Dinastía Borbón y sus políticas en favor del comercio, de las cuales se benefició la ciudad, volviendo nuevamente a la prosperidad.

Durante este período, la ciudad pasó la barrera psicológica de los 18000 habitantes, que era en ese momento la mayor población del Virreinato de la Nueva Granada.

El 13 de marzo de 1741 la ciudad fue sitiada por las tropas del almirante inglés Edward Vernon, dando inicio al famoso Sitio de Cartagena de Indias.

La escuadra inglesa estaba compuesta por 186 navíos y 31.400 hombres (la flota más grande reunida hasta entonces y que no sería superada hasta el Desembarco de Normandía), la cual se enfrentó contra las fuerzas españolas, que se contaban en 6 navíos y 3.000 hombres.

La batalla fue un absoluto desastre para las fuerzas inglesas, contándose en éstas entre 8.000 y 11.000 bajas, y teniendo que retirándose el resto de las fuerzas tras fracasar el asedio.

Dicho asedio fue repelido por el Teniente General de la Armada Española Blas de Lezo, y expulsados finalmente por el Coronel de Ingenieros Carlos Suillars de Desnaux y sus hombres.

Edad de Plata 1750-1808.

Después de Vernon, la que ha sido llamada como la «Edad de Plata» de la ciudad (1750-1808) comenzó.

Esta vez fue una expansión permanente de los edificios existentes, la inmigración masiva de todas las otras ciudades del Virreinato, aumentaron el poder económico y político de la ciudad y un crecimiento acelerado de la población no igualada desde entonces.

El poder político que ya estaba pasando de Bogotá a la costa colombiana concluida su reubicación, y los virreyes decidieron residir permanentemente en Cartagena.

Los habitantes de la ciudad eran los más ricos de la colonia, la aristocracia erigió casas nobles de sus tierras para formar grandes propiedades, las bibliotecas y los centros de impresión se abrieron, y el primer café en la Nueva Granada fue establecida después.

Los buenos tiempos de constante progreso y el avance en la segunda mitad del siglo XVIII llegó a un abrupto final en 1808 con la crisis general del Imperio Español que vino del Motín de Aranjuez y todas sus consecuencias.

Cuando las defensas se terminaron en 1756, la ciudad fue considerada inexpugnable.

La leyenda dice que Carlos III de España, mientras miraba en Madrid la revisión de los gastos de defensa de española para La Habana y Cartagena, miró a través de su catalejo y dijo:

«¡Esto es indignante! Por este precio, los castillos se ven desde aquí.»

Más de 275 años, Cartagena estuvo bajo el dominio español.

Había sido la ciudad más grande del virreinato hasta el 11 de noviembre de 1811 cuando Cartagena se convirtió en el segundo territorio que declaraba independencia absoluta de España en la actual Colombia, luego de Socorro el 10 de julio de 1810.

La Guerra de Independencia marcó el comienzo de un declive dramático en todos los aspectos para lo que se había convertido en la capital virtual de la Nueva Granada.

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