Manila.

Manila, antes de la llegada de los españoles, era un enclave musulmán en el que ya se desarrollaba un floreciente comercio con China y otros puntos de Asia Oriental.

En 1570, tras haber sido obligado a retirarse de Cebú por piratas portugueses, Miguel López de Legazpi, sabiendo de una próspera ciudad musulmana en Luzón, decidió hacerla su capital.

Así que envió a su lugarteniente, Martín de Goiti, para que localizara el sultanato y averiguara su potencial económico. Goiti ancló su flota en Cavite e intentó implantar la autoridad de la corona española por medios pacíficos, enviando un mensaje de amistad al Rajá Soleymán.

Este le contestó, intentando ganar tiempo para concentrar sus fuerzas y aniquilar a los españoles, que quería establecer lazos amigables con los españoles, pero que no se sometía como súbdito del rey.

Los conquistadores entendieron esta respuesta como un acto de guerra y tras demandar refuerzos, se atacó a los musulmanes en junio de 1570.

Después de conquistar la ciudad, Goiti volvió a Panay, donde se encontraba el gobernador.

Finalmente, Legazpi volvió con sus tropas en 1571.

Los islámicos prendieron fuego a la ciudad y la abandonaron, instalándose en Tondo y otros pueblos vecinos.

El 9 de junio de 1571 comenzó la construcción del fuerte.

Solimán, el rajá destronado, tras intentar sin éxito el apoyo del rajá de Tondo, llamado Lacandula, y de los pampangueños y pangasineños, reunió un fuerte contingente de nativos tagalos. Atacó entonces a los españoles, quienes nuevamente lo derrotaron, muriendo en el intento en la batalla de Bangcusay.

Después de la revuelta comenzó la labor evangelizadora.

Manila se constituiría en capital de la evangelización católica del Sudeste asiático.

Primero llegaron los agustinos, seguidos de franciscanos, dominicos, jesuitas y agustinos recoletos.

Los españoles decretaron el monopolio comercial, tal como acostumbraban a hacer las naciones coloniales de entonces.

Los chinos se vieron perjudicados por estas medidas y se produjeron disturbios, rápidamente controlados. Como castigo, los chinos fueron sometidos a nuevos y fuertes tributos.

Escudo de armas de la insigne y siempre leal Ciudad de Manila, concedido en 1596.

Ya en 1574, el pirata chino Li Ma Hong, al frente de una flota con 62 naves que transportaba 3.000 hombres, intentó sin éxito conquistar la ciudad.

El gobernador Guido de Lavezares y el maestre de campo Juan de Salcedo, al mando de 500 españoles, expulsaron a la flota mercenaria chino-japonesa.

Tras el desastre que supuso para los chinos, los españoles, desconfiando de sus hermanos de raza del interior de la ciudad, sabiamente decidieron concentrarlos en el Parian de la Alcaicería.

En 1595 Manila fue designada capital del archipiélago, así como capital de su provincia, que abarcaba casi toda la isla de Luzón.

En 1601 los jesuitas fundaron en Manila un seminario para nobles, que fue la primera institución educativa del país.

Entrada al Fuerte de Santiago, vestigio de la presencia española en Manila.

Tras la independencia del virreinato de México o Nueva España, a cuya jurisdicción administrativa pertenecían las islas, fue la propia metrópoli la que se encargó directamente de la administración de Manila, reforzándose esta vez el poder administrativo de las órdenes religiosas.

La amplia provincia manileña, llamada posteriormente de Corregimiento de Tondo, fue seccionándose y formando otras provincias.

La capital colonial española se vio enriquecida con gran cantidad de monumentos: palacios privados y públicos, amplios conventos, bellos templos.

Aquí se erigió la primera universidad de Asia, llamada la Real y Pontificia de Santo Tomás, mucho antes de que existieran las universidades de India o de las colonias inglesas de América.

En sus aulas se formaron las primeras generaciones de “ilustrados” (una clase educada de criollos, mestizos y nativos).

Hay una breve etapa de ocupación británica, durante la guerra de los Siete Años.

Tras un asedio prolongado, una flota inglesa logró asaltar la ciudad el 5 de octubre de 1762.

De 1762 a 1764, los ingleses ocuparon Manila.

El saqueo de la ciudad por los ingleses fue espantoso, perdiéndose infinidad de documentos y de obras de arte.

El dominio británico terminó al firmarse el Tratado de Paz de París en 1763.

Las ideas liberales, traídas por los mismos elementos españoles o “peninsulares”, fueron rápidamente asimiladas por las clases ilustradas de mestizos y castizos.

La masonería, de suyo anticlerical por propiciar el ateísmo, racionalismo y liberalismo en los pueblos, originó los primeros focos de descontento contra las autoridades coloniales y especialmente contra el omnímodo poder del clero regular.

Una organización secreta llamada Katipunán, aguerridamente antiespañola, apoyada por elementos masones de la burguesía manileña, provocó algunos alborotos que fueron rápidamente instrumentalizados por la oposición liberal contra el gobernador.

El movimiento se extendió por otras zonas de la isla, pero sin alcanzar especial intensidad.

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