Plan Nacional de Arquitectura Defensiva: Proyectos de gestión cultural.

El Plan Nacional de Arquitectura Defensiva se encuentra dentro del marco de los Planes Nacionales del Patrimonio Histórico Español de información, conservación y restauración, que son instrumentos cuyo objeto es establecer una metodología de actuación para la conservación y restauración de conjuntos patrimoniales, programar las inversiones de acuerdo con las necesidades de conservación, y coordinar la participación de las distintas instituciones que intervienen en la gestión de los mismos.

El alto valor simbólico que encierran los bienes culturales del patrimonio de arquitectura defensiva proviene tanto de su valor histórico como de su propia imagen y de ese modo los hace formar parte de la identidad propia de cada territorio y de su población.

El objetivo de los Proyectos de Gestión Cultural será incluir una serie de estudios específicos de las relaciones que mantienen esta clase de bienes culturales con sus zonas de influencia, tratando de investigar en sus conexiones de forma que el trabajo permita convertir la recuperación del bien cultural en un hecho rentable, tanto para la población como para las Corporaciones Locales.

Los Proyectos de Gestión Cultural se establecerán mediante procesos continuados en el tiempo que establezcan iniciativas concretas mediante estrategias concebidas a largo plazo.

Por consiguiente, los Proyectos no deben ser fruto de improvisaciones aventuradas sino de un estudio reposado y conciso que ofrezca una planificación que permita alcanzar los objetivos establecidos.

Por otra parte, cada Proyecto específico tenderá a asegurar la sostenibilidad del bien cultural objeto de estudio, además de posibilitar su utilidad social; de igual forma podrán insertarse dentro de planes de mayor escala situados en el marco de los propios planes estratégicos o directores, o bien constituir proyectos independientes llevados a cabo por instituciones de significación pública o privada.

Igualmente deberán controlar los peligros inherentes tanto a la sobreexplotación económica como los del impacto excesivo de la presión turística, que puedan desvirtuar el carácter del bien cultural poniendo en peligro su integridad.

También deberán coordinar y propiciar la participación y el compromiso de todos los agentes públicos y privados afectos a la zona y al propio bien cultural.

Los Proyectos que se propongan estarán a cargo de un equipo de gestión cultural que constituya el eje vertebrador de cada iniciativa, asegurando que los trabajos que se realicen se ajusten a una planificación integral y gocen del adecuado seguimiento.

La experiencia habida ponderará positiva o negativamente la eficacia de los resultados correspondientes a las distintas metas prefijadas con objeto de extraer conclusiones para cada Bien Cultural concreto.

La gestión de un bien cultural patrimonial requiere igualmente la realización de unos análisis exhaustivos de todos los aspectos de la actividad humana concurrentes que se interrelacionan en él.

Por ello, y como ocurre en otras facetas de la conservación de los bienes
culturales, no existen procedimientos generales sino metodologías específicas para cada caso, ya que cada bien es diferente, y en cada supuesto se deberán organizar las correspondientes prioridades jerarquizadas que el análisis concreto determine.

De igual modo, y como tantas veces se ha insistido, los bienes culturales patrimoniales pertenecientes a la arquitectura defensiva presentan una fuerte inserción dentro del territorio al que pertenecen y eso afecta a su gestión cultural.

Por consiguiente, el análisis debe realizarse desde diferentes parámetros con el fin de establecer unas bases que lo sitúen favorablemente dentro del contexto.

De manera general, se puede definir la necesidad de afrontar el análisis desde los siguientes puntos de vista:

– Análisis de recursos humanos, turísticos, económicos, culturales y geográficos.

– Análisis sociocultural del paisaje, estudios topográficos y relaciones con el entorno natural.

– Análisis del contexto y la vinculación histórica del territorio. Evaluación del impacto social del bien en las diferentes escalas territoriales. Estudio del grado de identificación de la sociedad con el bien.

– Análisis de las relaciones del bien con otros recursos patrimoniales. Esto tendrá especial relevancia cuando se trate de conjuntos de construcciones de características similares que requieran una planificación territorial y conjunta. También deberán considerarse las implicaciones culturales, no necesariamente arquitectónicas, que pueden estar relacionadas, como las tradiciones populares, fiestas, etc. En estos casos los bienes pueden estar incluidos en Planes Estratégicos de Gestión Integrada.

– Análisis del marco jurídico y herramientas legales de protección.

De lo anterior deberán derivarse una serie de conclusiones generales que evaluarán las posibilidades reales de rentabilización del bien cultural, así como la escala con la que se puede trabajar dentro del mismo.

El trabajo deberá ser expuesto desde un punto de vista realista, justificando la viabilidad y la oportunidad del Proyecto de Gestión concreto.

La magnitud del proyecto dependerá tanto de los resultados del análisis como de las fuentes y posibilidades de financiación disponibles.

De forma general, los Planes de Gestión Cultural incidirán en los siguientes conceptos:

– Transversalidad, es decir, la relación de la arquitectura con la trama o red de recursos que ofrece el territorio, ya sean naturales o culturales. Unos deben participar de los otros, buscando las sinergias que puedan establecerse entre los mismos.

– Sostenibilidad, ya que las inversiones deben rentabilizarse, social y económicamente, y las actuaciones deben buscar su propia autonomía económica a largo plazo. Esto se hará posible fomentando la participación de la iniciativa privada y la creación de empresas que surjan del aprovechamiento de los recursos existentes o futuros.

– Participación ciudadana, por medio de iniciativas y trabajo con la población local y los diferentes agentes, públicos y privados, en todas las escalas del territorio.

– Identidad, de modo que la población local se identifique como parte sustantiva del bien cultural patrimonial.

– Equilibrio establecido entre el disfrute social y la conservación.

– Difusión de las características del bien patrimonial, dando a conocer su historia, su arquitectura, sus particularidades constructivas y otros aspectos mediante todo tipo de herramientas de divulgación y sensibilización (conferencias, exposiciones, publicaciones, actividades lúdicas, etc.).

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