10.02.2010 – La faceta militar del Duque de Alburquerque, a debate.

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La trayectoria militar del Duque de Alburquerque centró ayer la segunda jornada de los coloquios internacionales en torno a esta figura histórica vinculada a la Guerra de la Independencia y al asedio de La Isla de Leon en 1810.

Dos expertos investigadores se encargaron de reconstruir esta faceta biográfica de José María de la Cueva y de la Cerda: el teniente general del Ejército de Tierra Andrés Cassinello Pérez y el teniente coronel José Manuel Guerrero Acosta, subdirector de estudios históricos del Instituto de Historia y Cultura Militar.

El primero se encargó de repasar su vida militar desde sus inicios hasta la batalla de Ocaña y el asedio de La Isla de León. Cassinello partió de su ingreso como cadete en el cuerpo de dragones de la Reina hasta que alcanzó, con sólo 17 años, el grado de capitán y, posteriormente, tras la guerra del Rosellón, llegó a brigadier.

El teniente general desgranó dato a dato su carrera militar al hilo en el que apuntaba algunos datos biográficos: su matrimonio, sus hijos… Llamó también la atención el ponente sobre un aspecto relevante que ha hecho más difícil aún si cabe la reconstrucción de la vida del Duque de Alburquerque: la desaparición de su hoja de servicios. No está en los archivos de Segovia ni de Simancas como tampoco existe su partida de bautismo o de matrimonio. La ausencia de datos es todo un escollo a la hora de recordar la importancia de su figura.

“El Duque de Alburquerque fue un general valeroso, aunque algo indisciplinado, siempre se llevó mal con sus superiores”, apuntó Cassinello.

Sobre el talante del militar, su alto concepto del honor y sus malas relaciones con sus superiores, así como sobre su carácter independiente, habló también ayer el teniente coronel José Manuel Guerrero Acosta, que tituló su ponencia bajo el expresivo título de El Duque de Alburquerque, salvó la nave que zozobraba. Aludía así el conferenciante al papel decisivo que este general tuvo en una encrucijada decisiva en la Guerra de la Independencia, tras la desastrosa batalla de Ocaña y la ruptura del frente de Sierra Morena.

Guerrero Acosta, tras detallar pormenorizadamente la penosa situación de las tropas españolas en 1809 ante la superioridad de los franceses en la invasión de Andalucía, se dedicó a narrar la “odisea” de Alburquerque en su retirada hacia La Isla y Cádiz para poner a salvo su ejército y a su posterior papel en la defensa del asedio.

Apoyándose en planos y mapas procedentes de los archivos militares, el conferenciante hizo también especial hincapié en la precaria situación de las tropas del Ejército de Extremadura y, en general, de las de todos los ejércitos españoles, afectados por la falta de cohesión, circunstancia ésta que el teniente coronel considera decisiva en la Guerra de la Independencia.

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