Origen de la Villa de la Isla de León.

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El 14 de noviembre de 1408, la Isla de León fue donada por Juan II de Castilla a Juan Sánchez de Zuazo (o Suazo), cuando se conocía como Isla de la Puente, en manos de esta familia permaneció hasta el 17 de febrero de 1490, cuando Juan de Zuazo la permutó a favor de su cuñado Rodrigo Ponce de León, I duque de Cádiz y III conde de Arcos.

El 18 de marzo de 1516, y tras ser sacada a subasta pública, fue vendida por el I duque de Arcos a Miguel y Rafael Fonte por un precio de 825.000 maravedíes y el 28 de marzo de 1520 se hizo la operación al revés; Rafael Fonte la vendió al primer duque de Arcos.

En cierto modo, La Isla fue como la falsa moneda, porque el 19 de diciembre de 1521, menos de dos años después, el primer duque de Arcos vuelve a venderla a Rafael Fonte por 2.000 ducados, que eran 750.000 maravedíes. O sea, que se había desvalorizado con el paso del tiempo.

Pero no queda ahí el trasiego de propietarios. El 17 de mayo de 1527 es de nuevo traspasada –en este caso en concepto de dote- por la familia Fonte a Jácome Voti y unos seis años más tarde, el 19 de febrero de 1533, los Voti y los Fonte la volvieron a vender a la casa ducal de Arcos por el mismo precio de la última transacción. Entonces fue cuando realmente La Isla pasó a dominio del ducado de Arcos hasta 1729, cuando pasa a la Corona.

El 31 de mayo de 1729  Felipe V decide integrar las tierras de la isla en la Corona, pasando éstas de señorío jurisdiccional a realengo, adquiriendo el nombre con el que llegó a convertirse en villa, la Real Villa de la Isla de León. Hasta entonces La Isla, la Isla de Zuazo, la Isla de León, había sido de dominio señorial.

En 1651 Cádiz prohibió que se construyesen casas, e incluso de avisaba de que las construidas serían derribadas, los propietarios perderían la propiedad y los albañiles que las construyeran, enviados a galeras.

En 1697 cuando Cádiz intentó comprar la propiedad del duque de Arcos, con la amenaza de poner demanda que llegó al Supremo Consejo de Castilla. En Castilla desestimaron la demanda y la apelación posterior y todavía hubo un nuevo intento de compra “mediante un buen ajuste”. Pero no pudo ser.

Una vez que La Isla pasó a la Corona, la ciudad Cádiz intentó que se le agregase la jurisdicción, pero el 23 de octubre de 1730, el Rey “mandó que la jurisdicción se agregase al Gobernador político y militar de la ciudad de Cádiz, con facultad de poner en ella un Teniente Corregidor”.

Se agrega al Gobernador político y militar de la ciudad de Cádiz que es un cargo del rey.

A partir de la constitución del ayuntamiento propio de la Real Villa de La Isla de León, llegan las primeras decisiones de los capitulares, entre ellas la elección de un patrón, como era natural en aquellos tiempos.

Los vecinos con derecho a voto fueron los que eligieron a San José para tal menester en un ejemplo de participación ciudadana, y no por la peste de 1800 o cualquier otra causa.

También salió a relucir, aunque no salió el nombre de San Nepomuceno, patrón de la Infantería de Marina e incluso hubo un voto que propuso a San José como patrón y a San Nepomuceno como copatrón.

“El 10 de febrero de 1763, tres años antes de la concesión de título de villa, se firma el tratado que ponía fin a la Guerra de los Siete Años y se sancionó la hegemonía marítima de Gran Bretaña. España recuperó La Habana y Manila y cedió la Florida con Pensacola y San Agustín. Pero la guerra había dejado al desnudo importantes carencias estructurales del Estado español”.

Y ahí está el gran mérito de Carlos III. En vez de quedarse a lamerse la heridas remodeló su gobierno para acentuar la tendencia reformista y aplicarla tanto a la modernización de las estructuras del Estado como de la sociedad española. “La Isla entró a formar parte de los grandes planes renovadores del monarca”.

De los secretarios de Estado que le había ayudado en el inicio de su reinado en España sólo mantuvo en su cargo a Esquilache y a Julián de Arriaga. Y el primero por poco tiempo.

Pero Julián de Arriaga, secretario de Estado de Indias y Marina fue el encargado de hacer el análisis de lo ocurrido en la guerra con los británicos y el que comienza las reformas en la Armada cuyos postulados se habían demostrado ineficaces.

Una vez que la construcción naval de la escuela inglesa que hizo Jorge Juan no habían funcionado, se decide construir los barcos a la manera francesa y para ello se trae a Jean-François Gautier en 1765.

Se reorganizan los arsenales y el nuevo sistema de construcción; se crea el Cuerpo de Ingenieros de Marina  y se aprueba la ordenanza para el gobierno militar y económico de los arsenales.

Entre 1769 y 1760 –siempre con la oposición de la ciudad de Cádiz- se traslada a la Villa de la Isla de León el Real Cuerpo de Marina e incluso el Marqués de la Victoria propuso, ante el traslado de mandos y pertrechos a la villa, concederle el título de ciudad con el nombre de Carolina o San Carlos, nombre este último que tuvo y tiene lo que se construyó de uno de los proyectos militares más brillantes de la Europa Ilustrada, la población de San Carlos.

Ese era el porqué de todo, el porqué de 1766 para que naciera la Villa de la Real Isla de León y el germen de lo que ahora es la ciudad de San Fernando, con su ayuntamiento y “plaza real”.

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