Combate de la Loma del Puerco (05.03.2011).

Battle_of_Chiclana

Avance aliado sobre La Loma.

El 5 de marzo los aliados alcanzaron el Cerro del Puerco, al sureste de la playa de la Barrosa.

Los exploradores informaron de la presencia de las fuerzas de Villatte, y La Peña ordenó a su vanguardia atacarles.

Con la ayuda de una partida de tropas de refresco que salió de Cádiz y reforzados por una brigada de la división de Anglona, los españoles forzaron la retirada de Villatte más allá del río Almansa.

Barrosa
Plano del escenario de la batalla, con indicación del despliegue de tropas sobre La Loma.

La Peña rehusó perseguir la retirada de Villatte, por evitar que éste rodeara el Almansa y le cayera por detrás.

Mientras tanto, la división de Graham cubría el Cerro del Puerco defendiendo la retaguardia y el flanco derecho de las fuerzas de La Peña.

Habiendo forzado la retirada de Villatte y dejado expedita la ruta a Cádiz, La Peña ordenó a Graham adelantar sus tropas desde el Cerro del Puerco a Torre Bermeja, dejando el cerro sin defensa.

Siguiendo las constantes objeciones de Graham de que hacer esto supondría dejar expuestos la retaguardia y el flanco, cinco batallones españoles y un batallón de Browne quedaron manteniendo el cerro, flanqueados en el camino de la costa por tres escuadrones de caballería españoles y otros dos de la legión alemana real bajo el mando de Whittingham.

Las fuerzas de Graham se movieron entonces al norte, según las órdenes: en lugar de bajar por el escarpado camino, siguieron una senda a través de los pinares al oeste del cerro.

El camino a través de los árboles, aunque más corto y práctico para la artillería, hizo que marcharan a ciegas, sin visibilidad en ninguna dirección.

Ataque francés.

Víctor estaba disgustado por el hecho de que Villatte no hubiera podido bloquear el camino a Cádiz durante más tiempo, pero confiaba en que el grueso de sus fuerzas pudiera empujar a los aliados hacia el mar.

Vio que la principal fuerza española tomaba posiciones frente a Villatte, y teniendo informaciones de que el cerro estaba despejado, pensó tener una oportunidad de tomar las alturas sin oposición.

Ordenó a tres escuadrones de dragones rodear el cerro para tomar el camino de la costa, mientras Ruffin ganaba las alturas y Leval atacaba a Graham en el bosque.

El ataque de Ruffin en el cerro del Puerco bastó para poner en fuga a los cinco batallones españoles que lo cubrían, dejando solo al de Browne en la defensa del cerro.

La caballería de Whittingham se enfrentó a los dragones franceses que habían rodeado el cerro, y decidió retirarse, cubriendo su retirada con un único escuadrón de húsares prestado por Browne.

Éste ordenó a su batallón tomar posiciones en las ruinas de una ermita en la cumbre del Cerro del Puerco, pero al ver el avance de seis batallones franceses hacia ellos, y la retirada de la caballería de Whittingham, no tuvo más opción que abandonar el cerro y partir a unirse con Graham en el bosque.

Los franceses tomaron el cerro sin oposición, como Victor había pretendido, y Ruffin colocó una batería de artillería en la altura.

La respuesta de Graham.

Mientras tanto, a mitad de camino en su marcha por unirse a de La Peña, Graham tuvo noticias por unos guerrilleros españoles de que las tropas francesas habían avanzado desde su escondite en el bosque de Chiclana y estaban atacando.

Al volver la vista vio a los españoles retirándose del cerro, la división de Ruffin subiendo la ladera y la de Leval aproximándose desde el este.

Entendiendo que las fuerzas aliadas corrían el peligro de verse rodeadas por los franceses, desobedeció las órdenes que tenía y volvió atrás para atacar el Cerro del Puerco y defenderlo del asalto de Leval.

Ordenó a la brigada de Dilkes atacar a Ruffin en el cerro, mientras la brigada de Wheatley fue a vigilar a Leval, que se acercaba desde el este.

La Loma del Puerco.

Calculando el tiempo que costaría desplegar una brigada completa en formación de batalla, Graham supo que tenía que entretener a los franceses.

Así, ordenó a Browne, que ya había llegado junto a él, que su batallón de 536 hombres, formado por compañías de flanco de diferentes batallones, volviera a rodear y subir la ladera del cerro contra los 4000 franceses con su artillería en la cumbre.

Barnard, que mandaba el batallón ligero de la brigada de Wheatley, y Bushe, con dos compañías de infantes portugueses, atacaron por el bosque para detener el avance de Leval.

La división de Leval, ignorante del ataque inminente de Barnard, avanzaba en columna de a dos, sin una vanguardia de voltigeurs.

La inesperada aparición de los británicos causó tal confusión que algunos regimientos franceses, imaginando ser atacados por la caballería, formaron cerradamente, y fueron barridos por la metralla de los diez cañones montados en el extremo de las líneas británicas.

Corrigiendo su formación a la forma usual de ataque francés –la “columna de divisiones”–, bajo el fuego de la artillería de Duncan, avanzaron forzando a Barnard a retroceder.

Tras éste, Bushe con los portugueses cubrieron su retirada y enfrentaron a los franceses hasta que la brigada de Wheatley formó en la orilla del bosque. Los 3800 hombres de Leval marchaban ahora contra una línea de 1400 anglo-portugueses (los de Barnard, Bushe y Wheatley).

Mapa de la batalla, de la Historia de Europa de Alison (1850).

El avance de Leval.

Mientras tanto, en el cerro, el batallón de Browne se enfrentaba con la división de Ruffin. El fuego francés diezmó a los británicos con unas pocas andanadas de su artillería e infantería.

En lugar de retroceder, los de Browne se dispersaron al abrigo de la ladera y devolvieron el fuego.

En este punto, Ruffin no podía descender por la presencia de la brigada de Dilkes, que saliendo del bosque formaba al pie del cerro.

Dilkes, avanzando cerro arriba por la derecha de Browne, consiguió llegar cerca de la cima sin pérdidas serias. Ruffin desplegó cuatro batallones que intercambiaron fuego con Dilkes y con Browne.

Victor, en la cumbre del cerro, trajo en su apoyo dos batallones de granaderos de su reserva.

Sometidos los seis batallones franceses al intenso fuego de mosquete, fueron detenidos a sólo unos metros de la línea británica.

Poco después, deshecha la fuerza francesa por el fuego de los hombres de Browne y de Dilkes, escapaba hacia el valle de más abajo.

Volviendo al combate entre Wheatley y Leval, éste tenía la impresión de enfrentarse a una fuerza superior, aunque era él quien tenía la ventaja numérica.

Después de haber sido vapuleados por las compañías ligeras de Barnard y Bushe, los franceses necesitaban reorganizarse, pero Wheatley atacó tan pronto como las compañías ligeras despejaron el campo.

Ninguno de los batallones franceses consiguió formar en línea, y la primera columna francesa se deshizo tras la primera andanada inglesa.

El 8º de Línea francés, parte de esa columna, sufrió un 50 % de bajas; el águila imperial estandarte de esta columna fue capturado por el alférez Keogh, del 87º regimiento, quien murió en el intento, y el sargento Patrick Masterson lo cogió, el primero en ser ganado por los británicos en la Guerra de Independencia española.

La línea británica continuó su avance, rompiendo el único batallón que había conseguido formar (del 54º de Línea francés).

Tras tres descargas, éstos se retiraron junto a la división en fuga de Leval.

Retirada francesa.

Las divisiones francesas huyeron hacia la Laguna del Puerco, donde Victor se ocupaba de detener la desorganizada fuga francesa y de desplegar los dos o tres únicos batallones ilesos para cubrir la retirada.

Graham también puso orden en sus exhaustas huestes, y las llevó junto con la artillería de Duncan contra los reorganizados franceses.

Sin embargo, un escuadrón de húsares rodearon el cerro y condujeron a un escuadrón de dragones contra la infantería francesa en formación.

El efecto de este golpe desmoralizó a los franceses, que se retiraron apresuradamente.

Durante la batalla, Lapeña rehusó empecinadamente dar apoyo a las tropas de Graham.

Supo del avance francés al mismo tiempo que el inglés, pero decidió quedarse defendiendo el istmo de la isla de León con todos los hombres a su cargo.

Conociendo la decisión de Graham de enfrentarse a los franceses y convencido de la victoria de éstos, se mantuvo en su posición.

El general Zayas le requirió repetidamente para dar apoyo a los británicos, pero Lapeña se negó.

Al terminar el combate, viendo la victoria británica, rehusó perseguir a los franceses en su retirada, a pesar de las continuas protestas de Zayas.

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