24.09.1812 – Fin del asedio napoleónico a a Cádiz.

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En 1812, la irrupción de las tropas anglohispanas en Madrid y las cada vez más preocupantes noticias del frente ruso precipitaron la retirada de los ejércitos del mariscal Soult en Andalucía.

En la noche del 24 de agosto los franceses hicieron saltar algunos de sus fuertes y volaron buena parte de su artillería.

Horas después sus tropas, tras dejar atrás El Puerto de Santa María se ponían en camino hacia Jerez de la Frontera.

Cuando los sitiados, pusieron pie en lo que hasta horas antes había sido terreno ocupado por los franceses se apoderaron, entre otras pertenencias, de un botín de 160 cañones de variado calibre, 57 morteros y 3782 bombas y granadas.

Por contra, como apunta Adolfo de Castro, “los pueblos de las inmediaciones quedaron maltratados por el furor del enemigo en su retirada.

Hallaron las casas principales abrasadas las puertas, ennegrecidas las paredes con el humo del incendio”.

 

El diplomático madrileño, José García de León, que en aquellos días ostentaba el cargo de ministro de Estado, nos dejó en sus Memorias las siguientes impresiones:

“Una de las bombas dio en le medianería de mi alcoba y derribó el cuarto inmediato, las cabezas de las vigas y la cabecera de mi cama… Por la mañana vi los desperfectos y el agujero debajo de mi cama y mudé de habitación, donde también me siguieron las bombas, aunque no con tanto estrago” .

Tampoco se libraron sus compañeros de gabinete del correspondiente susto, pues, en más de una ocasión, ” fueron turbados varias veces por proyectiles que cayeron en el edificio (la actual Diputación Provincial) y aún en la misma pieza”.

Así mismo, nos da cuenta de cómo ante estas acometidas “las casas estaban defendidas con cueros sueltos, colchones y otros defensas”.

Por su parte, el sacerdote Joaquín Lorenzo Villanueva, diputado por Valencia, nos dejó tal vez el mejor relato personal, Mi viaje a las Cortes, que ningún parlamentario de aquella Asamblea pudo escribir.

Su perspicacia y sentido crítico nos da algunas claves del tibio entusiasmo por parte de algunos ante el levantamiento del asedio a Cádiz.

Tras salir una de aquella noches corriendo de su casa a causa de los bombardeos “en bata y en paños menores”, menciona que no todo fue júbilo entre los gaditanos cuando se conoció la retirada de los franceses.

Hubo asimismo “tristeza y pesar”, habida cuenta de que “durante el sitio han procurado algunas personas de esta ciudad sacar partido de él, haciendo especulaciones mercantiles que les han sido lucrativas… oigo también que se observa indiferencia y poco regocijo en Chiclana, Puerto de Santa María y Puerto Real”.

Por último, aunque en el monumento a la Constitución de 1812 en la Plaza de España aparece inscrito el nombre de Antonio Alcalá Galiano como político destacado en aquellas Cortes, ello se cebe a un error histórico.

Es cierto que en dichas Cortes hubo un diputado del mismo nombre, pero se trataba de un tío suyo, político conservador, de escasa relevancia. Alcalá Galiano era entonces un joven gaditano, que siguió muy de cerca aquellos acontecimientos, recogidos luego en sus Recuerdos.

De forma entusiasta nos dice que aquel día fue alegre como pocos, ” apresurábase la gente a embarcarse en botes para ir a visitar el abandonado campamento francés, en las cercanías de Puerto Real y del Caño del Trocadero… También excitaba la curiosidad las baterías donde estaban los obuses, cuyos destinos habíamos estado largo tiempo sintiendo”.

Como no podía ser menos, la prensa gaditana del momento se hizo amplio eco del generalizado júbilo. Así, para El Conciso “la determinación de Soult en abandonar la línea de Cádiz es uno de los sucesos que deben tener la mayor influencia moral no solo en España, sino en todo el continente europeo y americano”.

Tras calificar la retirada de “fuga vergonzosa” reproduce los siguientes versos:

Para el Redactor General, tras denunciar que “las águilas francesas huyen despavoridas al estruendo de las armas vencedoras de los ejércitos aliados”, se preguntaba quién sería capaz de “trasladar al papel la dulce emoción de los buenos en este día de bendición”.

Como anécdota señala que “hay quien propuso llevar a Cádiz el mayor de los morteros con que el infame Soult insultaba a los gaditanos, colocándose en la plaza de San Antonio u otro sitio señalado para servir de momento eterno a nuestra gloria y de oprobio al nombre francés”.

Finalmente, el Diario Mercantil, siempre algo aguafiestas, reconociendo la alegría de todos, denunciaba la actitud de quienes se empeñaban “en hacer algunos gastos a pesar de la crítica situación”.

Mejor destinar ese dinero “para beneficio de las viudas, hijos y familiares de las desgraciadas víctimas del 2 de mayo”.

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