La artillería de campaña.

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La artillería europea a comienzos del siglo XIX, heredó los avances desarrollados  por Jean Baptiste Vaquette de Gribeauval, maestro artillero francés.

Gribeauval estandarizó los múltiples sistemas y calibres e hizo que todos los artilleros fueran militares y no civiles como eran muchos de ellos en la época.

Pero la principal ventaja de la artillería napoleónica fue su movilidad, lograda por la reducción de la longitud y el peso del tubo, así como del furgón, al que dotó de ejes de acero y ruedas de mayor diámetro.

Los caballos de tiro se colocaron de a dos en lugar de en columna de a uno, de manera que seis u ocho bestias bastaban para mover con rapidez un cañón de 12 libras sobre un furgón de cuatro ruedas en lugar de sobre su propio eje.

Para los cañones de cuatro u ocho libras y para el obús de seis pulgadas, eran suficientes cuatro o seis caballos.

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Alcance y precisión

El alcance y precisión aumentaron con la fabricación de proyectiles realmente esféricos y al dotar a las piezas de nivel lateral y tornillo para la elevación, así como con la introducción de cartuchos que contenían el proyectil y la pólvora, lo que elevó la cadencia de tiro.

No satisfecho con ello, Napoleón dispuso de una verdadera artillería montada, que marchaba a lomos de caballos, lo que aumentaba aún más la movilidad de la artillería de pequeños calibres.

Una batería típica constaba de seis piezas; por lo general, varios cañones y uno o dos obuses.

Los obuses se clasificaban por el calibre en pulgadas mientras que los cañones, por el peso de la bala que disparaba.

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Proyectiles

Los proyectiles consistían en balas metálicas esféricas, macizas, y en bolsas y botes de metralla. Estos dos últimos se empleaban fundamentalmente para batir fuerza viva descubierta y contenían diminutas bolas de metal o, a falta de éstas, clavos y todo lo que pudiera infligir daño al enemigo. Los obuses podían disparar también balas metálicas huecas, cargadas con explosivo, de las que sobresalía una mecha.

Ésta era encendida por la explosión de la carga propulsora y tenía el largo suficiente para que ardiese durante el tiempo que el proyectil volaba hasta el blanco.

En ese momento detonaba el explosivo y dispersaba mortales cascos de metal en todas direcciones.

Este tipo de balas tenían también gran capacidad incendiaria y se utilizó con mucha frecuencia.

Aprovechando esas posibilidades, Napoleón maniobraba con su artillería para emplearla masivamente en la dirección de su golpe principal.

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