El Batallón de la Real Maestranza de Caballería de Ronda.

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1. ALISTAMIENTO PARA LA GUERRA.

Desde que el 2 de mayo de 1808, la más abominable perfidia substrajo de este Reino las personas de nuestros Soberanos, y los de Portugal, llegó el día en que la divina providencia infundió su sentimiento a todos los Españoles, formando una fuerza invencible en defensa de la Religión, de su legítimo Soberano, y de la libertad de la Patria:

Fue inflamado el espíritu de los Sevillanos para dar principio a tan grande obra, sabiendo dirigir sus movimientos a la formación de una Junta Suprema que evitase los riesgos de la anarquía:

La prontitud con que todos los pueblos se han sometido a su autoridad, es una prueba de que nuestra felicidad consiste en aquella dependencia, y que en todos contribuyamos a sus designios:

¿cómo podrá desentenderse de tan honrosas obligaciones la Ciudad de Ronda?

¿Cómo podrá desentenderse de tan honrosas obligaciones su Real Maestranza de Caballería, cuya constitución tiene por fundamento la defensa de la Patria y de su soberano?

Guiados, pues, de tan seguros principios, en Junta celebrada el día 11 de junio de 1808, acordó la Real Maestranza de Ronda estar subordinada a la Suprema Junta de Sevilla:

Que todos sus individuos contribuyan con sus personas y caudales a levantar uno, o más Batallones que lleven su nombre, mantenidos por el mismo Real Cuerpo.

Para este fin, cada individuo calculará lo que produce anualmente su caudal con la exactitud que le brinde su conciencia y honor, y extrayendo la parte necesaria para la subsistencia frugal de su familia, todo lo demás será destinado a mantener  el número de hombres que tengan cabimento, a razón de cinco reales diarios cada uno, dando cuenta al mismo Real Cuerpo de los que puedan sostener, aprontando su importe mensualmente.

Los caballeros Maestrantes de edad y agilidad competente serán Coroneles, Tenientes Coroneles, Capitanes, Tenientes y Subtenientes, sirviendo de mérito para estos grados, sobre la disposición personal, el mayor número de hombres que mantengan: los que no puedan  emplearse en el servicio se destinarán para mantener el sosiego y tranquilidad pública.

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Bandera de la Real Maestranza de Caballería de Ronda.

2. ENTREGA DE BANDERA.

Las banderas del Batallón de la Real Maestranza de Caballería de Ronda tendrán por timbre simbólico una Paloma, acudiendo a la advocación del Espíritu Santo que tuvo esta Hermandad en 1573: seguirán las Armas Reales y las de Ronda, con la inscripción siguiente: Por la fe, por el Rey y por la Patria.

El Sr. Teniente nombrará dos Diputados que pasen a Sevilla a ofrecer estos homenajes a la Suprema Junta, presentándole este acuerdo para que mereciendo su Soberana aprobación, tenga la Maestranza este nuevo honorífico motivo para realizar la empresa.

Sevilla, 14 de junio de 1808. S.A.S. aprueba este plan y manda se den gracias a aquel Ilustre y Real Cuerpo por tan generosa oferta: sacando copia de él, se imprima, y que uno de los Sres. Comisionados se presente al General en Jefe del Ejército para que lo organice en la forma que sea más útil a la defensa de la Patria.

Con quinientas plazas y su bandera vistosamente bordada, el Batallón de Maestranza pasó a Sevilla de orden de la Junta Central, la cual confirió su mando al Coronel del Ejército Don Juan Aiguavives, quien lo puso en el pie de guerra que debía estar, aumentándole el correspondiente número de plazas y de oficiales veteranos de que debía constar; estableció su escuela militar, y luego que estuvo suficientemente instruido en la nueva táctica y evoluciones militares, se le pasó revista de inspección, y tuvo un ejercicio general de fuego; de cuyas resultas el señor Ministro de Guerra dispuso pasase al Ejército del Centro, a la división del general Lacy.

El primer ensayo que tuvo fue la desgraciada batalla e Ocaña; bien notorias son las funestas consecuencias que tuvo, más en medio de estas desgracias le quedó a este Real Cuerpo por único consuelo (si así puede llamarse) de saber, que el batallón que llevaba su nombre cumplió con su deber, siendo suficiente prueba el crecido número de muertos y heridos que quedaron en el campo de batalla; entre estos el Comandante del batallón Aiguavives con dos Capitanes y varios subalternos, que fueron conducidos al hospital de Madrid, en donde algunos de  ellos acabaron  sus días; y no menor de prisioneros, víctimas todos de su lealtad y patriotismo.

Las cortas reliquias que quedaron se presentaron en esta Ciudad con la caja de papeles del batallón, que supieron libertar de la rapacidad francesa; la Real Maestranza tomó sus medidas para socorrer a estos beneméritos, y destinarlos a que buscasen los ejércitos españoles para continuar en el servicio, y así lo ejecutaron.

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Plano de la Ciudad de Ronda en su estado en 1813.

3. OCUPACIÓN FRANCESA DE RONDA.

La entrada de los ejércitos franceses en las Andalucías le abrió las puertas a este pueblo, y no bien le habían ocupado cuando dejó ver el pretendido Rey José Bonaparte, rodeado de Ministros Españoles, que no hicieron otra cosa que emplear todas las artes de seducción para persuadir a estos habitantes a que la Conquista de España estaba concluida, y por este medio, extraviando la opinión, dar alguna estabilidad a su vacilante corona.

Cercada Cádiz y conquistada Málaga, las fuerzas francesas fueron desplegándose por el territorio comprendido entre las tenazas que formaban las puntas de lanza de los Cuerpos de Ejército I y IV, mandados respectivamente por Víctor y Sebastián.

Partiendo de Cádiz, el 25 de febrero un regimiento de dragones de Latour-Maubourg ocupó Algeciras, y algunas otras unidades alcanzaron en aquellos mismos días Ubrique y Ronda. Desde Málaga, Sebastián lanzó a su caballería hacia Estepota para enlazar en San Roque con las unidades del I Cuerpo, que ocupó también Jimena y Gaucín.

Ronda se entregó sin lucha.

Unos cuatro mil hombres de las fuerzas de Aréizaga habían entrado en la ciudad, pero las autoridades les obligaron a abandonarla ante los daños que pudieran producirse por un asedio y posterior asalto de los franceses, a pesar de que las características topográficas de la población la hacían fácilmente defendible.

En febrero de 1810 Ronda fue ocupada sin resistencia por el Segundo Regimiento de húsares  al mando del coronel Vinot.

Esta unidad formaba parte del I Cuerpo de Ejército, y alcanzó Ronda por Morón y Olvera. Vinot sería nombrado gobernador de la plaza y ocupó este destino hasta que fue sustituido el 9 de mayo por el también coronel Baussain, que mandaba el Regimiento de Línea nº 43.

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4. INSURRECCIÓN DE LOS SERRANOS.

El inicio de la insurrección contra la ocupación francesa tuvo lugar en la Sierra de Grazalema.

El día 11 de febrero  los vecinos de Benamahoma, muy próxima a El Bosque, habían rechazado a tiros a los franceses. El 26 de febrero, una columna compuesta por 27 infantes y 9 jinetes franceses salieron de Gaucín para intentar hacerse con una potrada que estaba escondida en los montes de Casares.

Tras cruzar el Genal e internarse en lo más intrincado de este valle, al siguiente día 27 de febrero la pequeña columna francesa fue totalmente aniquilada por los Serranos de Genalguacil, de Jubrique, de Benarrabá y del propio Casares.

El 1 de marzo de 1810 se produjo un hecho que tendría una importante repercusión en la Sierra.

Don José Serrano Valdenebro, natural de Cortes de la Frontera, era Jefe de Escuadra, aunque procedía del arma de Infantería, y tenía una distinguida hoja de servicios. Además de siete heridas de guerra, a consecuencia de las cuales perdió la mano izquierda, posteriormente sufrió gravísimas quemaduras en cara y brazos, que llegaron a desfigurarle, a causa del incendio de una carga de pólvora.

En enero de 1810 Serrano Valdenebro estaba al mando de una brigada de Infantería de Marina en el ejército de Alburquerque, que logró retirarse hasta Cádiz a comienzos de febrero.

Pero una caída del caballo le ocasionó la rotura del brazo derecho  y causó baja, por lo que fue autorizado a trasladarse a una finca que poseía en las proximidades de su pueblo natal, para reponerse, y estando allí llegaron las noticias del generalizado alzamiento de la Serranía de Ronda.

Aquel primero de marzo el Jefe de Escuadra, que por su destacada trayectoria gozaba de enorme prestigio en la zona, fue llevado al toque de oración desde la finca en la que convalecía de su herida a Cortes de la Frontera, y allí los serranos de Cortes y Casares lo proclamaron Jefe Supremo del levantamiento contra los franceses.

El 2 de marzo, llegó a la Ronda la noticia de la sublevación de la Sierra.

El Rey intruso estaba a punto de salir de dicha ciudad, a la que había llegado el 28 de febrero tras haber iniciado el día 12 en Sevilla un viaje para visitar varias ciudades de Andalucía.

Inmediatamente, una columna compuesta por 500 jinetes partió desde Ronda tomando el Carril, que era el nombre con el que en la época se conocía el camino que, siguiendo la divisoria de los ríos Guadiaro y Genal, se dirigía hacia Gaucín, Jimena y el Campo de Gibraltar.

A su llegada a Benadalid, los franceses comenzaron a ser hostigados por los patriotas de Cortes los cuales con el apoyo de las guerrillas desplegadas por Valdenebro en Gaucín Jinena y Casares obligaron a la columna enemiga a replegarse de nuevo a Ronda, donde finalmente fueron expulsados el 12 de marzo.

Sin embargo, el 21 del mismo mes, ante la falta de organización de los serranos, la caballería del General Vinot, con ayuda de algunas unidades llegadas desde Málaga al mando de Perreymond, volvieron a recuperar Ronda, apenas sin combate.

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5. EXPEDICIÓN DEL CUARTO EJÉRCITO.

Pocos días después de la reorganización de la Sierra, con el fin de aliviar la presión francesa en Extremadura y fijar a las fuerzas de Soult, la Regencia dispuso que una pequeña división al mando del general Lacy realizase una incursión contra Ronda.

La fuerza que el día 17 de junio desembarcó en Algeciras estaba compuesta por unios 2.800 hombres de los batallones de Reales Guardias Españolas, Imperial de Toledo y La Reina, y a ellos se unieron los del Provincial de Sigüenza, Ligero de Valencia y Ligero de Alburquerque, que estaban en el Campo de Gibraltar.

En total eran casi unos 4.000 infantes y 400 jinetes bien instruidos, que tras alcanzar Gaucín el día 21, en donde quedó en reserva el batallón de Reales Guardia Españolas, prosiguió su avance hasta Algatocín, y cruzando el río Guadiaro, dejaron Cortes a su izquierda y alcanzaron la villa de Benaoján.

Para hacer frente a esta nueva ofensiva del ejército español los franceses enviaron el 23 de junio desde Ronda tres columnas: una hacia Cortes por Ubrique, otra hacia Benaoján y la tercera por el Carril, para amenazar el flanco izquierdo de Lacy e interceptar el paso de los españoles que se dirigía hacia la capital del Tajo.

Los primeros combates se produjeron delante de Benaoján y a la altura de Algatocín, siendo hostigada esta última columna francesa sólo por algunas pequeñas partidas, porque la mayoría de los Serranos, conocida la llegada de Lacy, interpretaron que era la deseada y poderosa intervención militar que tanto esperaban, y en cuanto tuvieron noticia de que se iba a producir dicha intervención habían vuelto a los campos para iniciar las faenas de la siega.

Pero ante la ofensiva francesa, el día 26 de junio los Serranos fueron nuevamente llamados al combate para colaborar con las fuerzas españolas.

Tras mantener fuertes combates en todos los frentes, las fuerzas de Lacy y las partidas de Serranos rechazaron a las tropas francesas en los tres puntos antes citados: Ubrique, Benaoján y Algatocín, y los imperiales se vieron obligados el 28 de junio a volver a Ronda. En el combate mantenido en Algatocín intervino tambien la unidad que formaban los dispersos del Regimiento Málaga.

El 5 de julio Lacy consiguió concentrar a sus 4.000 hombres en Benaoján, con idea de atacar Ronda, para lo que Serrano Valdenebro convocó con toda urgencia a las diferentes partidas de los pueblos de la Sierra.

Pero la poderosa fortificación de Ronda hizo que el General Lacy vacilara, y al recibir avisos de que desde Málaga y Cádiz habían partido refuerzos para los franceses, consideró  cumplida su misión y decidió el 6 de julio retirarse hacia Gaucín  y Casares, cubierto en su retirada con el apoyo de los serranos.

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6. FIN DE LA OCUPACIÓN FRANCESA.

Tras la expedición de Lacy la insurrección de la Sierra tomó otro cariz. Una muestra de que los Serranos no cejaban en la lucha en todos los frentes fue la muerte el 27 de febrero de 1811 del coronel Baussin, gobernador militar de Ronda, al que un guerrillero que se había emboscado lo abatió con un certero disparo en el borde del Tajo, junto a las trincheras del fuerte de la Torrecilla, logrando posteriormente escapar.

Mientras tanto, en la Real Isla de León se planeaban nuevas iniciativas estratégicas para acosar a los franceses en Andalucía, como fue el despliegue de un nuevo ejército expedicionario anglo-español que bajo el mando del General de la Peña y con la colaboración de los guerrilleros de la sierra se enfrentó al ejército del Mariscal Víctor en los pinares de Chiclana de la Frontera.

La presión de los aliados en todo el frente occidental de la península obligó a que, tras la derrota de Marmont en los Arapiles, los franceses comenzaran su retirada.

El 26 de agosto, el Teniente General Ballesteros daba cuenta a la Regencia establecida  en la Real Isla de León que los franceses habían abandonado Ronda.

Y en la tarde del 27 de agosto de 1812, las últimas tropas francesas al mando del General Maransin evacuaban Málaga.

Referencia: Manifiesto de los servicios hechos por la Real Maestranza de Ronda en defensa de la nacion española (1814).


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